Líos de una familia de hace 5.000 años: sospechas de poligamia, hijos de distintos padres y adopciones

Madrid
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Cinco generaciones de una familia con relaciones complicadas. Sospechas de poligamia, hijos de diferentes padres, adopciones… Lo que parece el argumento de una telenovela es en realidad parte de la historia íntima de un clan que vivió alrededor del año 3.700 a.C. en el sur de lo que hoy es Inglaterra. El estudio del ADN de 35 individuos de cinco generaciones enterrados en la misma tumba neolítica ha conseguido bosquejar el árbol genealógico más antiguo que se conoce hasta la fecha. Y también muchos secretos, quién sabe incluso si para sus propios miembros en vida.

«Es el primer estudio que documenta una gran familia de la prehistoria», dice Iñigo Olalde, de la Universidad del País Vasco (UPV) y coautor del artículo que publica la revista
‘Nature’.
Las más de 70 muestras de huesos y dientes recuperadas de la tumba de Hazleton North, una de las mejor conservadas de Gran Bretaña, fueron secuenciadas en la Universidad de Harvard.

Los datos genéticos demostraron que correspondíaner a 35 individuos, la mayoría emparentados entre sí, de hace unos 5.700 años, unos cien años después de que la agricultura llegara a la isla británica.

Las cinco generaciones de la familia se extienden unos 200 años. La primera está formada por un varón y las cuatro mujeres con las que se reprodujo (tres de ellas enterradas en la tumba y una no recuperada). Las siguientes, por los hijos varones -se puede trazar la ascendencia por vía paterna- y las mujeres que llegaron de otros grupos para emparejarse con ellos.

«La ausencia total de hijas adultas en la tumba es algo muy llamativo. Probablemente cuando alcanzaban cierta edad se marchaban para unirse con los varones de otras comunidades y pueden estar enterradas con sus hijos en las tumbas de esos grupos», explica el científico, responsable del análisis bioinformático de los datos genéticos. Tan solo hay sepultadas dos hijas del clan que murieron de niñas. Una es nieta del varón de la primera generación con una de las mujeres y la otra es bisnieta del mismo hombre con la mujer no recuperada.

La tumba con cámara de Hazleton North
La tumba con cámara de Hazleton North – Reich et al. Naturaleza

Múltiples parejas

Además de hombres que tuvieron hijos con varias mujeres, los investigadores también encontraron mujeres que hicieron lo propio con varios varones. «Probablemente había poligamia, pero no lo podemos decir con seguridad. No sabemos si tuvieron varias parejas a la vez o si había una monogamia seriada», explica Olalde. Por ejemplo, una de las mujeres de la primera generación murió muy joven, antes de los 25 años, y tuvo hijos con el ‘patriarca’ y con otro hombre. A juicio del investigador, hace falta estudiar más tumbas para encontrar evidencias que nos digan qué ocurría en realidad.

También había adopciones en la familia. Es el caso de tres varones, hijos de tres mujeres distintas llegadas de otras comunidades y que los concibieron fuera del clan. «Cabe la posibilidad de que fueran el fruto de infidelidades ocultas, pero pensamos que sí se conocía y se aceptaba que no fueran hijos biológicos, hasta el punto de que les daban el mismo derecho de enterrarse en la tumba común», señala el investigador. Es más, el estatus se mantenía, de forma que incluso el hijo de uno de estos varones yacía en el mismo sitio. Aceptar a estos extraños «podía ser una manera muy rápida de hacer crecer el grupo».

Mujeres en la memoria

La tumba en sí misma ya dice muchas cosas. No contiene ajuar, pero la estructura, bastante espectacular, está formada por un montículo de piedras de 50 metros de largo, 2 de alto y 25 de ancho. Las dos cámaras en forma de L, donde depositaban los cuerpos, se encuentran en la mitad. Una tiene una apertura en el sur y la otra en el norte, de forma simétrica. «Los arqueólogos se preguntaban el motivo de esta simetría arquitectónica, si era una cuestión de gusto o tenía que ver con la organización social. Nosotros creemos que se trata de lo segundo, no era algo arbitrario», dice el científico.

Que el derecho para ser incluido en la tumba fuera por vía paterna podría hacer pensar que a las mujeres no se las valoraba, pero no sucedía así. Dos mujeres y su descendencia fueron enterradas en la cámara norte, mientras que el linaje de otras dos ocupaba la del sur. Esto se mantenía generación tras generación. «Estas personas recordaban de qué mujer descendían y se enterraban con ella. Eran claramente importantes en su memoria», destaca Olalde.

Reich et al. Nature
Reich et al. Nature

Sin embargo, hay ocho individuos cuyo parentesco no ha podido ser establecido. Quizás eran personas cercanas pero sin lazos de sangre o quizás familia ‘política’, como tres mujeres que podrían ser las ‘esposas’ de hombres del grupo. Al no haber sido encontrada descendencia es imposible darles un lugar en el árbol. En el caso de los cinco varones restantes, podrían ser hijos adoptivos.

«Los líos de familia eran tremendos -reconoce Olalde-. Por ejemplo, había una mujer que no hemos recuperado pero que tuvo descendencia con uno de los hijos del ‘patriarca’ y luego con uno de sus nietos». Como para perderse un capítulo de esta saga familiar de la prehistoria.

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