Una 'máquina del tiempo' llamada James Webb

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Ha costado décadas, cambios críticos e incluso varios momentos de pánico, pero el James Webb será lanzado -salvo problema de última hora- desde la Guayana Francesa el próximo 25 de diciembre a las 13.20 hora española. Y todo el proceso se podrá seguir a través de una retransmisión en directo en varios idiomas, incluido el español [podrá verlo en
ABC Ciencia
] desde primera hora de la mañana del viernes. Empezando por la carga de combustible del cohete europeo Ariane 5, encargado de transportar al ambicioso observatorio, hasta el despegue final retransmitido por las cámaras a bordo del Webb. Un largo camino que ha durado mucho más de lo que tardará el telescopio en llegar al punto Langrange 2, a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, desde donde nos revelerará la luz de las primeras estrellas y galaxias.

A una
década de retrasos en su construcción y variaciones en su prespuesto
, la pandemia se sumó para postergar aún más el despegue (fechado primero a principios de este año, retrasado hasta octubre después, y postergado finalmente del 18 de diciembre, al 24 y, tras un pronóstico de mal tiempo para Nochebuena, pasado al día 25, Navidad) y su encapsulado en el cohete, en el que, a modo de ‘origami‘, los instrumentos están plegados en un espacio de apenas 5 metros de diámetro.

Una vez se lance al espacio, sus instrumentos se irán extendiendo durante el siguiente mes hasta alcanzar el tamaño aproximado de una cancha de tenis (21 metros de ancho, por 14 de altura de su parasol, más los 6,4 metros de su enorme espejo, formado por 18 segmentos más pequeños). Y en estas operaciones no debe haber ni un solo fallo, ya que será imposible enviar misiones para repararlo.

«Estos días ha sido difícil trabajar a contrarreloj e identificar los problemas que han ido surgiendo», afirmó con optimismo en rueda de prensa online Bill Nelson, administrador de la NASA, refiriéndose al
último contratiempo
que afectaba a las comunicaciones entre el telescopio y el sistema de lanzamiento. «Pero ya estamos totalmente preparados para el despegue».

El sucesor del Hubble, pero no su reemplazo

Llamado a ser el sucesor del Hubble (aunque no su reemplazo, pues trabajarán juntos los primeros años), el Webb podrá realizar observaciones de nuestro entorno imnediato, el Sistema Solar, y de mucho más allá. De hecho, se espera que en su primer año de trabajo encuentre en torno a 60 o 70 nuevos exoplanetas, analizando también sus atmósferas con una precisión nunca antes vista que nos dé pistas sobre mundos potencialmente habitables.

Thomas Zurbuchen, administrador asociado de la Dirección de Misiones Científicas de la NASA, comparó la misión con el programa Apolo: «Estamos ante una nueva era en la que podremos observar cosas increíbles, como por ejemplo la atmósfera de lejanos exoplanetas con una resolución nunca antes vista. Hasta ahora hemos descubierto más de 3.000 y ahora podremos observar su composición, si tienen agua líquida, cómo es su aire… Eso sin contar con increíbles y raros nuevos mundos de los que aún no tenemos idea».

Sin embargo, su misión se verá condicionada por su posición, tres veces más lejos que el Hubble: esto implicará que no pueda ser reparado más allá de reparaciones del software -que pueden realizarse desde tierra-, como sí ocurre con su predecesor. Pero esta posición única será una ventaja para poder ver mucho más allá que el Hubble. En concreto, será testigo de excepción de cómo era el universo hace 13.500 millones de años, cuando se formaron las primeras galaxias y estrellas de las que los científicos aún albergan muchas dudas: ¿cómo se veían? ¿de qué estaban formadas exactamente? ¿cómo evolucionaron hasta ser lo que vemos hoy? ¿cuándo ocurrió cada etapa? Muchas preguntas para que responda el telescopio espacial más grande y avanzado creado por la humanidad.

«Esta tecnología revolucionaria nos permitirá revelar misterios del cosmos, no solo de nuestro Sistema Solar, sino tambien de las primeras galaxias y estrellas y de todo lo que ocurrió en medio, hasta llegar a nuestros días», afirmó Nelson. «Nos contará quiénes somos, cuándo y por qué llegamos aquí. Abrirá una gran puerta al pasado». Como una suerte de ‘maquina del tiempo‘ que permita ‘rebobinar’ hasta poco antes del Big Bang, ese momento en el que todo fue. Y después ‘acelerar la cinta’ para ver cómo el Universo llegó a ser como vemos ahora.

Pero, además de estudiar desde la infancia del Universo hasta la actualidad, el Webb revelará el espacio oculto a nuestros ojos: desde las estrellas ‘tapadas’ por el polvo estelar en las nebulosas, esas ‘incubadoras estelares’ donde sabemos que se originan, aparte de imágenes de nuestro vecindario cósmico con una resolución nunca vista. Grandes expectativas para una de las misiones humanas más ambiciosas de la humanidad. En palabras de Pam Melroy, administrador adjunto de la NASA: «Es algo que solo se vive una vez en cada generación. El James Webb nos quitará la ‘ceguera’ y nos permitirá ver y abrirá una nueva década de grandes descubrimientos espaciales».

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