Estos peces se juntan y crean olas enormes para espantar a las aves depredadoras

Madrid
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Igual que en los partidos de fútbol los asistentes crean ‘olas humanas’ para celebrar un gol, los mollies del Teapa hacen algo similar para espantar a sus deprededadores. Según un estudio publicado en la revista ‘
Current Biology
‘, estos peces trabajan juntos en grupos de hasta cientos de miles de ejemplares para originar ondas superficiales y ahuyentar a posibles atacantes.

«La sorpresa llegó después de percatarnos de cuántos peces pueden actuar en olas tan repetidas», explica Jens Krause, del Instituto Leibniz de Ecología de Agua Dulce y Pesca Interior en Berlín y Cluster of Excellence Science of Intelligence. «Hay hasta 4.000 peces por metro cuadrado y, a veces, cientos de miles de peces participan en una sola ola.

Los peces pueden repetir estas olas hasta por dos minutos, con una ola cada tres o cuatro segundos aproximadamente».

El molly del Teapa (Poecilia sulphuraria) es una pez endémico de México, concretamente de los Baños del Azufre cerca de Teapa, Tabasco. Los Baños del Azufre son ojos de agua sulfídicos que contienen altas concentraciones tóxicas de ácido sulfhídrico, si bien esta especie ha evolucionado para tolerar estas condiciones críticas. «Al principio no entendimos muy bien qué estaban haciendo los peces -afirma David Bierbach, coautor junto con Carolina Doran y Juliane Lukas, también en el Instituto Leibniz de Ecología de Agua Dulce y Pesca Continental-. Una vez que nos dimos cuenta de que se trataba de ondas, nos preguntamos cuál podría ser su función».

Lo primero que les recordó fue, precisamente, a las olas que los aficionados crean levantando sus brazos en los partidos de fútbol. Sin embargo, la presencia de muchas aves que se alimentan de pescado alrededor del río les hizo pensar que era probable que este comportamiento fuera algún tipo de mecanismo de defensa, no precisamente de celebración. Es por ello que investigaron si este fenómeno podría ahuyentar a los depredadores. Y así fue: hallaron patrones rítmicos y repetitivos espantaban a los cazadores, que tardaron el doble de tiempo en volver a atacar. Además, la probabilidad de captura también disminuía con el número de olas, aparte de que las aves también cambiaron su posición en respuesta a este movimiento, lo que sugiere que habrían decidido cambiar sus dianas.

«Hasta ahora, los científicos han explicado principalmente cómo los patrones colectivos surgen de las interacciones de los individuos, pero no estaba claro por qué los animales producen estos patrones en primer lugar -afirma Krause-. Nuestro estudio muestra que algunos patrones de comportamiento colectivo pueden ser muy efectivos para brindar protección contra los depredadores».

Los investigadores señalan que aunque está claro que estas olas reducen las posibilidades de una caza exitosa, lo que aún no tiene respuesta es por qué estas aves llevan a cabo estos movimientos evasivos: ¿confunden las olas con otros pájaros? ¿acaso estas olas les indican que han sido detectados y, por tanto, que es menos probable que cacen con éxito? El grupo intentará dar respuesta a esta pregunta en posteriores estudios.

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